jueves, 21 de marzo de 2013

Desirée Rancatore visita La Verbena


Es una de las sopranos más consolidadas en el repertorio lírico-ligero, conocida y respetada en Europa y toda una estrella en su Italia natal. A pesar de su juventud, Desirée Rancatore lleva a las espaldas una dilatadísima carrera musical llena de éxitos, el último de los cuales ha sido cumplir su sueño de debutar La Traviata. Apasionada y simpática, la guapa soprano siciliana nos dedica un poco de su tiempo aprovechando su paso por Madrid. 

Papagena: ¿Qué te trae por Madrid, Desirée? 
Desirée Rancatore: Estoy en Madrid… ¡por amor! Mi novio (el director de escena Alfonso Romero Mora) es español, de Madrid, y por esto nos dividimos entre esta maravillosa ciudad y mi ciudad, Palermo. 
P: Antes que nada, y como estamos empezando el año Verdi, quiero preguntarte por tu reciente debut en el papel de Violetta de La Traviata. ¿Cómo lo has vivido? ¿Qué ha significado para ti? 
D.R: Debutar Traviata en un escenario ha sido ¡un sueño hecho realidad! Había cantado el papel en concierto, pero he esperado mucho tiempo para interpretarlo en una versión escenificada y completa, ha sido el punto de llegada de un recorrido de maduración y de crecimiento, pero este recorrido no se acaba aquí, al contrario, tiene que continuar. Ha sido un verdadero regalo inesperado, el debut ideal en un teatro muy bonito como el de Montecarlo, y he podido disfrutar de lleno de todo gracias a una dirección de escena estupenda (de Jean-Louis Grinda, también director artistico de la Opéra de Montecarlo), a compañeros con un estilo perfecto, a un director de orquesta que es uno de mis favoritos absolutos, ¡Marco Armiliato! Justo hace pocos meses, en Noviembre, coincidimos en París, en la Opéra Bastille para La fille du régiment de Donizetti. ¡Todo ha contribuido para que fuera la combinación perfecta! 
P: Tengo entendido que vas a cantarlo próximamente en El Escorial, con un estupendo elenco de cantantes españoles…
D.R: Sí, ¡tengo muchísima ilusión! En Julio entraré otra vez en la piel de Violetta en El Escorial pero también en San Sebastián, y con grandes voces españolas. Todavía no puedo adelantar mucho, pero estoy segura que será una experiencia maravillosa, no solamente por el papel sino también por el público, ¡me apetece mucho cantar delante del público español! 
P: En relación con Verdi, ¿Qué otros compromisos tienes este año? Y como soprano italiana, ¿qué significa para ti el maestro de Bussetto?
D.R: En este año verdiano por supuesto que tenía ganas de homenajear este genial compositor: la crítica me ha definido como la mejor Gilda de mi generación, definición que me llena de orgullo y de felicidad. Por esto tengo varios Rigoletto este año, me siento muy honrada porque muchos teatros me han pedido interpretar Gilda: estaré en Salerno el 21 de Abril, con la dirección de Daniel Oren; en Palermo, en Mayo (3, 5, 7, 9) y también en mayo en el Teatro San Carlo de Nápoles. Además en la nueva temporada 2013-2014 cantaré por primera vez en el Liceu en cuatro conciertos verdianos (del 30 de septiembre al 9 de octubre)… ¡Estoy muy emocionada por este debut en Barcelona! Verdi para mi representa la transformación en musica de la vida, es un compositor que vive y escribe sobre las historias y las pasiones de los hombres, y sus personajes son maravillosos… Creo que su música es muy cercana a las personas y a sus pasiones pero, paradójicamente, también se acerca a lo divino. 



P: Desirée, tú debutaste muy jovencita, con sólo 19 años, en un festival tan importante como el de Salzburgo. Desde entonces no has parado de trabajar ¿qué consejo les darías a esos jóvenes cantantes que hoy se enfrentan a audiciones o concursos, soñando poder dedicarse a esto? 
D.R: Mi consejo para un cantante que se acerque a la profesión hoy es antes de todo estudiar, estudiar, ¡estudiar! Y tomarse muy en serio este trabajo. Es una vida muy dura, se pasa mucho tiempo lejos de tu hogar, de tu familia, de tus amigos… Hay que hacer grandes sacrificios y renunciar a muchas cosas. Por ejemplo hay que renunciar a la idea de una vida “normal”, a una familia “normal” y a la cotidianeidad y la tranquilidad de una rutina… Y a veces el cantante se puede sentir muy solo, se pasa mucho tiempo sin amigos, en la soledad del trabajo. Pero si se tienen en cuenta estos aspectos, si se saben aceptar los sacrificios, este trabajo puede dar inmensas satisfacciones y felicidades, hay que saber esperar y sobre todo luchar con todas tus fuerzas. El calor y el amor del público regalan una energía que regenera siempre. 
P: Corren malos tiempos para la lírica. La crisis económica está afectando a prácticamente todas las temporadas europeas. ¿Cuál es tu visión del problema como profesional? ¿Los amantes de la ópera aún podemos tener esperanza?
D.R: Sí, es verdad, la situación es muy complicada y parece que todo sea muy difícil, pero yo no creo que se vayan a acabar la esperanza y la lírica, sería algo muy grave para la cultura, vaya, para el mundo entero. Un sacrilegio… Me entristece porque durante toda crisis económica, no solamente esta, siempre cuando hay momentos de dificultad la cultura es una de las últimas cosas que se consideran, en el listado de valores queda en los últimos sitios, se recorta muy fácilmente en cultura. Creo que es un error no evaluar la importancia de la cultura como verdadero alimento para la mente humana, algo que nos eleva y nos distingue de los hombres primitivos que éramos. Por supuesto que hay que ahorrar dinero y hacer recortes, pero creo que se puede por ejemplo buscar producciones low cost, o confiar en jóvenes directores de escena que puedan dar una vuelta a esta crisis, reaccionar y ayudarnos a salir de este difícil momento con la cabeza alta.

 
Vídeo de Desirée Rancatore 

P: Has abordado la mayoría de los grandes roles belcantistas, pero tengo que decirte que personalmente me emociona en particular tu recreación de Lucia di Lammermoor. ¿Puedes hablarme un poco de este papel?
D.R: Lucia es un papel muy fascinante, desde el punto de vista vocal tiene todo lo que una cantante puede soñar: canto legato, fraseo romántico, dramático, virtuosismo “picchiettati” y sobreagudos... ¡todo! Desde mi debut del papel en Bérgamo, en 2006, he vuelto a cantarla en varias ocasiones (en Japón, Zurich, Parma, Avignon, Mannheim…). En España por ejemplo acabo de interpretarla en Pamplona, en Noviembre de 2012. Todas estas ocasiones, delante de públicos tan diferentes, me han permitido estudiar bien el personaje. Lucia es dulce, fuerte, enamorada, desesperada y ¡LOCA! Lo que más me fascina de su psicología es la posibilidad de explorar los meandros de las locuras que se hacen por amor. He estudiado mucho para poder enfrentarme a este papel en escena, he visto películas sobre la locura y leído algunos libros que tratan de la histeria femenina. En el 1800 era considerada una enfermedad muy difundida y todo esto me ha ayudado a construir mi versión de Lucia, mi interpretación personal… y me ha regalado emociones y grandes satisfacciones. 
P: ¿Algún rol por el que tengas preferencia, o un cariño especial? 
D.R: Mmm… es difícil, porque la verdad es que amo todos los papeles que he interpretado, no he cantado cosas que no me gustasen. Si tuviera que escoger algún rol podría decir que he amado en manera especial Lakmé, de Delibes, que se representa muy poco, o recientemente Leïla, de Les pêcheurs de perles. Ambos papeles, de repertorio francés, tienen una ambientación en India, un mundo y una cultura que me fascina mucho. Pero por supuesto que también me gustan mucho Lucia, Elvira y Amina. 
P: Aparte del belcanto, tu repertorio abarca autores tan variados como Händel, Mozart, Gounod, Strauss, Bizet, Meyerbeer, Delibes, Hasse… ¿Es complicado adaptarse a las particularidades de cada estilo? ¿Dónde te sientes más cómoda? 
D.R: Todo lo que he cantado hasta ahora era y es algo que funciona para mi voz, mi vocalidad, así que puedo decir que siempre me he sentido cómoda, desde el punto de vista vocal pero también desde el punto de vista estilístico. Creo que en los últimos tiempos el belcanto es mi casa. Es el lugar donde mi voz se siente muy cómoda, a gusto, y se permite lo que el virtuosismo requiere. 
P: ¿Cuáles son tus próximos proyectos? ¿Algo especial en España? 
D.R: En España lo que me hace mucha ilusión ¡es La Traviata de este verano! Tengo muchas ganas también de cantar Gilda en mi ciudad, Palermo, y de debutar en el San Carlo de Nápoles, es un teatro con mucha historia. Además vuelvo al Teatro Regio de Turín para L’elisir d’amore, una excepción donizettiana en un año muy verdiano. También cantaré Rigoletto en el Barbican Centre de Londres, con el Maestro Noseda y la Philharmonia Orchestra, ¡todo un honor! Y más proyectos… ¡pero todavía no puedo decir nada! Todo a su tiempo (sonríe).



martes, 13 de noviembre de 2012

Una gran noche de ópera: L'Elisir d'amor en el Liceu


Esta vez sí. Volvió el Liceu de mis grandes noches. El pasado 11 de Noviembre, en el estreno de L'Elisir d'amor, sentí de nuevo todas esas emociones que en mi última visita al teatro catalán había echado de menos. Las de las funciones inolvidables, cuando obra, música y voces se aúnan para crear esa felicidad que sólo puede sentirse en un teatro de ópera. A los ingredientes habituales de este mágico elixir (una obra maestra que nunca envejece) se sumaba esta vez uno muy especial, y ya sabéis que para mí el ingrediente "muy especial" suele tener que ver con el tenor. Este Nemorino suponía el debut de Javier Camarena en España, y era además mi primera oportunidad para escuchar en vivo la voz de este joven tenor mexicano cuya carrera, como sabéis, sigo desde hace tiempo con mucho interés. Y tengo que deciros que superó de largo mis expectativas, de por sí altísimas.

El debut de Camarena en nuestro país no pudo ser más brillante. Y no me refiero solo a su espectacular triunfo (el público lo premió con enormes ovaciones), sino a su trabajo a lo largo de toda la función. L'Elisir es una ópera que amo; conozco de memoria hasta los recitativos. No hubo una sola nota, ni una palabra, que no estuviera escrupulosamente cuidada. Era evidente que el tenor había preparado el papel a conciencia, y el resultado fue una interpretación extraordinaria, sobresaliente y homogénea de principio a fin, con un punto álgido clarísimo en Una furtiva lagrima. Su recreación del aria hizo que todo el público contuviera el aliento, en ese silencio absoluto de los momentos mágicos, cuando el teatro entero se vuelve uno y vuela envuelto en el milagro de unas notas que transportan, de una voz que toca el alma. Los aplausos al final del aria no terminaban nunca.


Vídeo de LiceuOperaBarcelona


La voz de Javier Camarena, como las mejores voces, gana en vivo, y se proyecta, homogénea y rotunda, a cada rincón del teatro. El timbre es hermoso, cálido y personal, con una autoridad apabullante en el agudo (redondo, pleno, seguro) y un canto elegante pero sincero. Es de los cantantes que ponen el corazón en cada frase, pero su gran virtud, la que a mi juicio lo hace único, es la capacidad de transmitir esta pasión sin descuidar ni un instante la técnica. Un equilibrio difícil de conseguir que, junto con sus otras cualidades, lo sitúa en primerísima fila del panorama actual. Este es un tenor que no tiene nada que envidiar a ninguna de las estrellas en activo, y sí mucho que ofrecer a la ópera. Creo que habrá un antes y un después de este triunfo en su carrera, y espero que pronto podamos disfrutarlo de nuevo en los teatros españoles.


Foto: Antoni Bofill

Hacía también su debut en el Liceu la soprano norteamericana Nicole Cabell, una bella Adina de voz oscura y sorprendente, aterciopelada, con un bonito vibrato y agilidad en las coloraturas. Es agradable encontrar en este papel un timbre que se salga de lo habitual, sin duda da un toque extra de sabor a este elixir ya de por sí delicioso. Desenvuelta y elegante en escena, fue otro de los grandes descubrimientos de la noche. Estupenda también estuvo Eliana Bayón, fresca y chispeante en su papel de Giannetta, al que supo sacar buen provecho. En cuanto a los caballeros, siempre es un placer escuchar a nuestro Ángel Ódena, que nunca defrauda, y además para mí era novedad verlo en Donizetti. Su Belcore ciertamente impone, aunque no está exento de simpatía, que es lo que derrocha Simone Alberghini en el papel de Dulcamara.

Foto: Antoni Bofill

La puesta en escena de Mario Gas, ambientada en la Italia de Mussolini, funciona estética y teatralmente, es hábil en su juego con el público sin desvirtuar la esencia de los personajes, lo cual, en los tiempos que corren, se agradece. No en vano lleva años en los escenarios. La dirección musical de Daniele Calleghari se destacó por respirar con los cantantes en todo momento, algo que siempre es necesario pero en belcanto resulta imprescindible. El resultado final, un público exultante de felicidad, y aplausos eternos que coronaban una gran noche de ópera.

El personal, uno de los recuerdos más hermosos que guardaré en mi cofre de tesoros.



Vídeo de LiceuOperaBarcelona

miércoles, 17 de octubre de 2012

Entrevista a Bluestain



Seguramente, si hace un año les hubieran dicho a los músicos de Bluestain que hoy estarían ganando premios, ofreciendo conciertos en salas importantes de Madrid, con un videoclip rodado y grabando con un productor que decidió apostar por su talento, no se lo habrían creído. Pero lo cierto es que la banda formada por Marta Cobo (bajo), Javi Santonja (voz y guitarra acústica), Gonzalo de Aranda (guitarra eléctrica), José Ángel Acinas (teclado) y Vicius (batería) ha tenido en su primer año de existencia una carrera fulgurante, y lo mejor está por llegar. ¿Os apetece conocerlos? Hablamos con ellos en exclusiva.


Antes de nada, y para quien no os conoce todavía, ¿cómo definiríais vuestra música? 
Javi: Bueno, somos rock, principalmente. Algunas canciones pueden tener tintes blueseros, folkie o melódicos, pero no sabemos cómo definir nuestra música. Eso que lo decidan los que la oyen.
Gonzalo: Nos gustan muchos estilos de música, aunque tenemos en común un gusto por el rock clásico, desde el folk y blues americano, el rockabilly, y todo el espectro del rock británico. 

Para ser un grupo de formación reciente, habéis ganado ya varios premios y tocado en salas importantes…
Gonzalo: Lo cierto es que no nos podemos quejar. En menos de un año (que cumpliremos este mismo mes), conseguimos entrar entre los finalistas de un concurso de Leganés para grabar una maqueta en un estudio profesional, hemos ganado un concurso de Noise Off Festival para grabar un EP en un importante estudio, hemos conseguido grabar un videoclip decente sin tener que gastarnos una millonada… Además hemos logrado acordar conciertos en salas bastante importantes, como la nueva sala Independance, la sala Siroco o la sala Orange (en esta tocaremos la semana que viene). 
Jose: Además, ¡en Septiembre quedamos cuartos en el concurso de B-Dcoder! ¡Estuvimos a puntito de tocar en el DCODE Fest, en el que participaron The Killers o Sigùr Ros! De este concurso estamos especialmente contentos, porque gracias a los votos de nuestros amigos y familiares que vieron el videoclip y nos apoyaron y ayudaron conseguimos entrar entre los 20 finalistas de más de 200 grupos, y finalmente ¡el jurado nos incluyó en su top 5! A decir verdad, y visto el nivel, no esperábamos siquiera estar entre los diez primeros… fue muy emocionante. 
Javi: Sí, fue genial. Recientemente, hemos quedado primeros en la preselección de un concurso de maquetas de Radio Utopía, en el que seleccionaban a los 4 primeros finalistas para tocar en directo y hacer la valoración final. Estamos nerviosos porque el premio es tocar en un festival y el listón está alto, este jueves veremos qué pasa. 

Foto: Vicente Cabido

Javi, aparte de que compones la mayoría de los temas, tu voz es una de las señas de identidad del grupo. ¿Te la cuidas como los cantantes de ópera? 
Javi: No, la verdad es que no me la cuido mucho, pero debería hacerlo. A veces, cuando he cantado mucho tiempo y me duele me tomo un vaso de leche con miel (remedio casero de toda la vida) y listo. 

Tres de vosotros aún estáis estudiando, de hecho os conocisteis en la Universidad. ¿Cómo compagináis los estudios con una dedicación tan intensa al grupo? 
Gonzalo: Cada uno tiene su método. Javi por ejemplo se alimenta de placentas humanas para no dormir y sacar el máximo partido a su día. José no estudia. Gonzalo es un robot. 
Jose: Bueno, obviamente hay ocasiones en las que es estresante y tenemos que aplazar algún ensayo o algo, y al final siempre tenemos que andar cuadriculando todo y con prisas. Más de una vez Javi y Gonzalo han ido cargados de guitarras a clase para, nada más terminar, ir corriendo a Parla (donde estamos trabajando en el EP ahora mismo) o alguna sala de turno… pero en fin, que todo es cuestión de organizarse y al final no hay por qué perder tiempo de estudio.

Marta, tú eres licenciada en Derecho y ya trabajas en un bufete. En tu caso será todavía más difícil… 
Marta: Si, la verdad que a veces es algo complicado y te obliga a estar corriendo de un lado a otro, pero cuando algo gusta, y gusta de verdad, se saca tiempo y ganas de donde haga falta para sacar adelante todo esto.

José Ángel, se dice que eres el que tiene más labia del grupo. Dime algo de cada uno de tus compañeros. 
Marta: Qué razón tienes, lo es, creo que estamos todos de acuerdo. 
Jose: Qué jodía. Nah, es cierto que soy yo el que más habla con desconocidos, amigos de amigos y tal para que se pasen a los conciertos, porque Javi y Gon son unos sosos. ¡Pero luego en el escenario me corto muchísimo! Bueno, no sabría decirte algo corto de cada uno, sabes que me enrollo... De Javi diría que no es solo la voz y el cerebro creador sino el pegamento que nos cohesiona a todos, y que aunque siempre cambie de opinión cada día de un extremo al otro, cuando al fin se estabiliza sus juicios son siempre muy razonables. De Gonzalo confesaré que tras esa fachada de hipster (aunque él lo niegue) y ente maduro, cabal e ingenioso se esconde un pequeño Gon ingenuo y tierno, que pese a lo agudo y mordaz de sus bromas (que es muy gracioso el tío) es un buenazo. Vicius es el ente misterioso, siempre callado y con su sombrero y los palos a cuestas, pero pese a lo extraño que pueda parecer a primera vista tiene buen fondo. Marta es un cielo de chica, y está todo el rato luchando con sus horarios y dándolo todo en el escenario. Además es genial tener a alguien que, aunque haya dormido cuatro horas y lleve doce currando, este siempre con la sonrisa puesta. Que por cierto, no se conocen fotos suyas en las que salga sin mirar a cámara sonriendo, es un fenómeno extraño… Y bueno, modesta y humildemente diré que el teclista aporta esa chispilla, esa belleza intrépida y misteriosa y unos bailoteos que considero muy sexys. 



Habéis dado ya unos cuantos conciertos. Seguro que tenéis alguna anécdota graciosa que contar…
Gonzalo: Bueno, pues la primera maqueta que grabamos fue en un instituto. Cuando llegamos, antes de empezar a grabar nada, nos preguntaron “Cúales son vuestros nombres?” y yo respondí: “Pues yo soy Gonzalo, él Jose, Javi, Marta y Vicius”. El chico, muy amable el, tras saludarnos uno a uno nos preguntó “Bueno… Y cómo os llamais?” refiriéndose indudablemente al nombre del grupo, todos lo entendieron así pero claro, yo estaba algo nerviosillo y respondí de nuevo: “Pues yo soy Gonzalo, él Jose, Javi, Marta y Vicius.”, dejando patente mi increíble capacidad de habla en público y haciendo que el chaval pensara que yo era tonto. Nah, después fueron majísimos. 
Javi: En otra ocasión, cuando estábamos grabando un concierto con la webcam para un concurso de actuaciones en directo por streaming, estábamos muy nerviosos (el concierto fue catastrófico, de principio a fin, aunque parece que tuvimos suerte y ganamos), y nos habíamos tomado una coca-cola antes. El caso es que aún no se muy bien cómo pero me tiré un eructo sin querer mientras cantaba. Pero, al parecer, nadie se dio cuenta (lo disimulé con bastante estilo durante una de las frases de la canción). 
Jose: Y hace bien poco, quedamos en primera posición en un concurso organizado por una radio madrileña. Yo estaba pegado a la radio oyendo cuales eran los finalistas, desde el 4º hasta el 2º cuando de pronto comencé a oir una de nuestras canciones. Cuál fue mi sorpresa cuando no sólo oí que habíamos quedado primeros, sino que oí al locutor decir que tenían a un miembro del grupo al teléfono. Era Gonzalo, que el hombre estaba descolocadísimo porque estaba estudiando cuando le llamaron. La verdad es que no se puede describir muy bien con palabras lo gracioso que fue oírle cortadísimo por la radio, contestando con monosílabos a las felicitaciones, tipo “-Bueno, y estaréis contentos de haber quedado los primeros, ¿no?- SI.”,”-…ehh, bueno pues nada, el 18 os escucharemos en directo! - ALLÍ ESTAREMOS.”. Debieron pensar que éramos unos bordes cuando en realidad el pobre no podía de la vergüenza, fue muy gracioso.


Foto: Elena Fernández
Actualmente estáis trabajando con un productor en la grabación de vuestro primer EP. ¿Cómo está resultando la experiencia?
Javi: Muy bien, la verdad es que es un trabajo sacrificado aunque muy gratificante e instructivo, lo hacemos con muchísima ilusión. Además, contamos con la ayuda de un gran productor, con el que trabajamos muy a gusto y que tiene mucha experiencia. 
Jose: Es genial. Tenemos la suerte de contar con alguien que entiende cuál es nuestro “rollo” y es capaz de potenciarlo y ayudarnos con las herramientas que nosotros tardaríamos años en aprender a usar. 
Marta: Es una pasada, jamás pensé cuando empezamos hace un año que todo esto iba a llegar tan lejos y tan rápido. Tener la oportunidad no sólo grabar un EP, sino de trabajar con un productor como Fran, que nos aconseje y nos diga las verdades que a veces es difícil obtener por otros medios es una oportunidad brutal para seguir avanzando y mejorando. 

 Este octubre tenéis una agenda de conciertos apretada…
Javi: ¡Si, la tenemos! El jueves 18 tenemos la final del concurso de maquetas de Radio Utopía en la sala Ritmo y Compás, y además el viernes 26 tocamos en la sala Orange de Madrid, junto con Norris, donde tocaremos todo nuestro repertorio. 
Jose: Además tuvimos el pasado 6 un concierto acústico que estuvo bastante bien, fue un enfoque distinto a la música que solemos hacer y nos esforzamos mucho en cuidar el resultado. Lo cierto es que octubre ha sido de los meses más apretados que hemos tenido ¡y estamos contentísimos por ello!





Próximos conciertos: 
Jueves 18 Octubre  Sala Ritmo y Compás
Viernes 26 Octubre Sala Orange



martes, 25 de septiembre de 2012

To Rome With Love


Ya lo sabéis: algunos pasamos un año esperando cada nuevo estreno de Woody Allen. Porque amamos su cine, y también, como tantas veces digo, porque la más "floja" de sus películas es casi siempre infinitamente superior a todo el resto de la cartelera. Allen es un cineasta con mayúsculas, y es muy difícil no encontrar rastros de genialidad incluso en sus creaciones más pálidas. El momento ha vuelto a llegar, y resulta que To Rome with love no está ni mucho menos entre sus creaciones más pálidas. La podemos comparar con las últimas películas transcurridas en ciudades europeas (y en las que éstas tienen vocación de protagonistas, es decir, sin contar las dos londinenses). No es tan redonda como Midnight in Paris -para mí su mejor película desde Match Point-, pero es muy superior a la desdibujada Vicky Cristina Barcelona, donde la ciudad es un mero decorado que apenas influye en la trama, y se incluye por exigencias de la producción a dos superestrellas españolas que hablan casi toda la película en inglés. En esta ocasión Roma es protagonista con todas las de la ley, como también sus habitantes, y más de la mitad de la película está rodada en italiano (con un espléndido plantel de actores autóctonos), amén del perfume felliniano y el importante papel de algo tan netamente italiano como la ópera.



Cuatro historias que se superponen y entrelazan dan oportunidad al gran Allen de desplegar su talento para la comedia, para los diálogos ingeniosos y las situaciones hilarantes, para revisitar sus tópicos, satirizar la realidad y diseccionar las relaciones humanas, particularmente aquellas entre hombre y mujer (o, mejor dicho, entre sus hombres y mujeres), las que mejor se le dieron siempre. Un poco más de su mundo, siempre particular y reconocible, esta vez envuelto en una declaración de amor a Roma tan bella, cálida y luminosa como el sol de poniente sobre los muros del Castel Sant'Angelo. El retrato fotográfico de la ciudad es soberbio (para la memoria el espectacular travelling circular de la Piazza del Popolo), pero también lo es la impresión vívida de su palpitar, el soleado bullir de sus gentes, el incesante ir y venir de historias que tantas veces el cine ha contado, porque las historias en Roma nunca son historias cualquiera.



De estas cuatro historias, quizá la protagonizada por Roberto Benigni, aunque graciosa y bien traída, podría haber reducido su metraje sin menoscabo del resultado final (es más, lo habría beneficiado). Entre el resto, no negaré que es mi debilidad el Woody Allen actor, fiel a su personaje a través de los años, con su inigualable vis cómica y ese encanto irresistible de sus neurosis. Los mejores gags son casi siempre aquellos en los que él aparece, y para colmo esta vez lo hace junto a un tenor, ¿qué más se puede pedir? El bravo spinto Fabio Armiliato, de sobra conocido por el público operístico español y con un rinconcito inamovible en mi corazón melómano (él fue nada más y nada menos que mi primer Cavaradossi en el teatro), se despoja de los ropajes de divo para revelarse como un estupendo actor de comedia. Su trama rezuma humor absurdo y crítica mordaz a partes iguales, y no voy a contaros más, pero los amantes de la ópera os imaginaréis que va especialmente dedicada a vosotros. La historia que protagoniza Jesse Eisenberg, el alter-ego juvenil de Allen en esta ocasión (esta es, de hecho, la más alleniana de las cuatro), junto a Ellen Page, tiene un ingrediente impagable en la presencia de Alec Baldwin. Cascado como debe estarlo una estrella de cine, es decir, a fuerza de excesos, poco queda del joven galán de ojos hechiceros que apareciera en Alice hace más de veinte años. Sin embargo el carisma que despliega, su aire de estar de vuelta de todo y la particularidad con que su personaje se inscribe en la acción son sin duda uno de los grandes valores de la película. Magnífico el personaje, grande Baldwin.


Contaba Woody Allen, preguntado por el reparto de la película, que al saber de su próximo rodaje Penélope Cruz le había llamado: Me dijo: "Hablo italiano perfectamente". Es todo lo que necesitaba escuchar. Pues bien, si hay algo que nuestra estrella no hace en esta película es hablar italiano perfectamente, pero consigue con gracia, desparpajo y esa belleza neorrealista tan adecuada al entorno que eso sea lo de menos. Simpática y explosiva en el papel de prostituta entrañable (otro clásico del universo alleniano), protagoniza algunos de los gags más divertidos de la película. Junto a ella, en esta cuarta historia, llena de guiños mitómanos y de amor por el cine, un racimo de excelentes actores italianos, (incluyendo un papelito para la divina Ornella Muti), entre los que me ha llamado mucho la atención la bellísima y por mí desconocida Alessandra Mastronardi.


La ciudad de Roma y el cine de Woody Allen tienen en común mi amor por ambos. Si además añadimos la participación del propio Allen como actor y la parte operística del argumento, era difícil que To Rome with love no me gustara. Aún así, os aseguro que es una gran película. Quizá no redonda; seguramente no se cuente entre sus grandes obras maestras. Pero es sin duda una comedia escrita con brillantez y rodada con maestría, con la mirada sabia y el bagaje cultural único de este genio del cine, por derecho ya entre los grandes de todos los tiempos, y al que una vez más tengo que estar agradecida por ciento doce minutos de felicidad pura y absoluta. Amantes de Roma, amantes del cine: no perdáis ocasión de disfrutarla. Como los ángeles de Bernini sobre el Tíber dorado; como las cúpulas eternas, las calles inesperadas y las ruinas que murmuran; como la fuente que canta tu regreso: también es un regalo.


viernes, 15 de junio de 2012

Mujer ante un cuadro. Óleo sobre lienzo.



- Te pareces a la Santa Catalina de Caravaggio.

Qué ha dicho, pensé, y de inmediato individualicé su cara entre el grupo que acababa de acercarse. Me miraba fijamente con unos ojos cuyo color era imposible adivinar bajo las luces cambiantes de la discoteca. Sonreía, exultante, como feliz de haberme encontrado. Uy, pues esta de santa no tiene nada, oí decir a mi amiga, y le di un codazo pero no me volví hacia ella, ni él dejó de mirarme. Es un pintor italiano, del siglo XVII, y se acercó un poco.  Qué bien hueles, pensé, y di un trago de mi copa. ¿Te funcionará con todas esto de la santa? Estaba entusiasmado. La modelo sale en varios cuadros, le gustaba mucho al maestro, decía, y los ojos cambiaban del azul fluorescente al violeta intenso. Tenía 17 años, era prostituta. Vaya por dios, pensé, no podía haber sido marquesa. Y miré de reojo esperando el comentario de mi amiga, pero ella y el grupo estaban ya lejos. Las fronteras del espacio y el tiempo son caprichosas en los bares cuando es de noche y todo se difumina, y de pronto sólo una persona y una voz se perciben con nitidez, y sobre la música de fondo prevalecen el brillo cambiante de unos ojos, el olor dulce de una piel. Era bellísima, y se calló un momento, los ojos clavados en mí, y yo agradecí la oscuridad, maldita sea, me he ruborizado. Pero en ninguna pintura sale tan hermosa como en esa, y entonces los ojos bajaron por primera vez de los míos hasta el borde de su vaso. Llevo años enamorado de ella, dijo. Y yo pensé, creo que tomaré otra copa. Y también pensé, es la historia más rara que me han contado nunca en estas circunstancias, y sin embargo funciona, o son esos ojos de color incierto, o que eres guapo como un príncipe, pero no quiero dejar de mirarte, aunque digas que me parezco a una santa pintada en el siglo XVII, o peor, a una prostituta vestida de santa por un pintor, cuéntame más, hueles tan bien.

Todos podemos ser inmortales aunque nadie nos pinte en un lienzo. Hay noches en las que uno se sabe eterno, y amaneceres que detienen el tiempo sellando con su luz milagrosa un instante para siempre inamovible. Y mientras uno es inmortal todo lo puede, la noche se transforma en el genio de los deseos y el universo entero camina a nuestro paso, y la historia de amor más grande cabe en unas horas.

Después llega la mañana.

Llega con su luz inclemente, desmintiendo leyendas, deshaciendo hechizos. No todos somos eternamente bellos como tú, Santa Catalina, que siempre tendrás 17 años y la piel de seda, y los labios de granada dulce. Algunos sólo somos inmortales durante unas horas, y debemos guardar esos instantes como tesoros, porque son los recuerdos hermosos lo que nos mantiene vivos. No conviene estropearlos arrastrándolos a un tiempo al que ya no pertenecen, ni es posible prolongar el momento en el que quedaron para siempre, cerrada su puerta por la luz dorada de un amanecer, y esa otra luz de unos ojos que ya no eran cambiantes sino verdes, muy verdes. Por eso no le di mi número de teléfono. Por eso corrí mientras aún deseaba seguir junto a él, y no hacer nunca nada más que mirar aquellos ojos que me veían alejarme, perplejos. Un príncipe de ojos verdes enamorado de un cuadro, pero de qué novela se habrá escapado. Debe permanecer en la noche mágica de la que surgió, y las lágrimas se me escapaban dentro del taxi, esto es el mundo real, tenga un pañuelo, señorita.

Esto es el mundo real, Santa Catalina, y sin embargo aquí me tienes, contándole mi vida a una mujer pintada, porque no he podido dejar de pensar en él. No me extraña que se enamorara de ti, qué hermosa eres. Y no mentía, es verdad que nos parecemos, aunque seguramente no guardas recuerdos. Los recuerdos son patrimonio de los vivos, como el deseo, como la esperanza. Puede que no haga falta ser eterno, que baste con estar vivo para que todo sea posible. Tal vez cometí un error, y algunos instantes perfectos sí puedan ser alargados para convertirse en una hermosa imperfección, como ese mechón de cabello suelto que se adivina sobre la curva de tu cuello. Quizá la historia de una noche pueda escapar del pasado como ese rizo escapó de la elegante trenza porque eras sólo una muchacha, y estabas viva, antes de que el pintor te transformara en santa para la eternidad. O puede que me equivoque ahora al pensar que es posible que aquellos ojos verdes se asomen a esta sala para verte de nuevo, a ti, que no guardas recuerdos, y se encuentren conmigo, que no he podido desprenderme del suyo. Quizá me confunda al desear descubrir si la mañana se llevó todo consigo o aún queda algo de aquella mirada, de aquel olor, del eco de las historias de pintores enamorados y prostitutas bellas como amaneceres.

Pero equivocarse también es cosa de vivos, y aquí estoy, frente a ti, que eres un poco parecida a mí pero no puedes cometer errores, ni soñar, ni desear. Confiando en oír sus pasos a mi espalda, y volver a ver sus ojos, y tal vez fabricar nuevos recuerdos siguiendo el rastro luminoso de aquella noche en que fuimos eternos. 

jueves, 14 de junio de 2012

Primer recital del Festival Fanopera Madrid. El reencuentro con Carlos Álvarez


A nadie se le escapa que la cultura es siempre una de las grandes afectadas en épocas de vacas flacas como la que vivimos. Los presupuestos se recortan, la oferta se reduce, las temporadas se empobrecen o desaparecen. Corren malos tiempos para la lírica. Por eso el nacimiento de un nuevo ciclo de conciertos es un acontecimiento especialmente feliz, casi milagroso, y la iniciativa y el esfuerzo de quien lo ha hecho posible tienen un valor incalculable. Ayer asistí a la inauguración del Festival Fanopera Madrid, creado por el mítico defensa del Real Madrid Manolo Sanchís. Soy y seré del Atléti hasta el tuétano de mis huesos rojiblancos, pero este señor se ha ganado mi admiración y agradecimiento eternos, por dar a quienes como él amamos la ópera una posibilidad más de disfrutar de las voces que nos hacen felices. El Festival, inicialmente compuesto por cuatro conciertos -que se espera sean seis el año próximo-, tiene lugar en el Nuevo Teatro Alcalá, y se abría anoche con Carlos Álvarez, al que seguirán Fiorenza Cedolins (el 8 de Octubre), Leo Nucci y Aquiles Machado. Un ramillete de grandes voces de sobra conocidas por los aficionados, que ojalá contribuyan a asentar este festival en la tradición madrileña. El integrante de la legendaria Quinta del Buitre expresaba su esperanza de que así fuera con una humildad sorprendente, algo de nervios y la ilusión resplandeciéndole en la cara. Y al verlo allí, en el vestíbulo de un teatro, mi terreno; con el mismo deseo tantas veces deseado por mí de vivir una noche mágica, de vivir miles y que no acaben nunca; con ese brillo en los ojos que tantas veces me he visto en el espejo de los baños de los teatros; al verlo así tembló un poco mi corazón de amante de la ópera, conmovido por la gratitud. Y me vi por un momento reflejada en el suyo, ese corazón tan blanco con el que nunca imaginé que me sentiría identificada. Gracias, Señor Sanchís. Por encender la luz del arte en estos tiempos oscuros, y hacer que la oferta lírica crezca en vez de disminuir. Muchas gracias. Tenía que empezar por ahí. Ahora, ya puedo hablaros del concierto.


Carlos Álvarez es el cantante perfecto. Lo tiene todo: una voz hermosísima, la técnica impecable, presencia escénica, carisma y una íntima conexión con el público. Un grande de los escenarios, y una de las voces más importantes de la historia de nuestra lírica. Sobran motivos para admirarlo. Pero nos da uno más con la lección de fortaleza, voluntad y trabajo que supone verlo de nuevo cantando después de superar no una, sino dos operaciones por grave lesión en las cuerdas vocales. Volver a cantar, pero no de cualquier manera, porque sabe que el público lo espera todo de él, porque siempre ha dado lo mejor. Carlos Álvarez vuelve  para ofrecer de nuevo ese trabajo impecable que es su arte, y lo hace habiendo superado obstáculos ante los que muchos se habrían dado por vencidos, y su voz se escucha igual de espléndida, y su canto igual de exquisito. Su reciente triunfo en Zürich con Don Giovanni lo corrobora. Con el héroe de Mozart y Da Ponte, uno de sus personajes emblemáticos, reapareció Carlos hace unos meses tras más de un año de silencio impuesto por su recuperación, y con el mismo comenzaba el recital de anoche. No tengo que explicaros la emoción que sentí al comprobar que estaba de nuevo allí, su voz, sus gestos, su fraseo incomparable, su grandeza. Sonaron las primeras notas de Fin ch'an dal vino y fue como si nunca se hubiera marchado. Era el principio de una noche que no haría sino mejorar.


Continuó el recital con Don Giovanni, e hizo su aparición en escena Rocío Ignacio, con un vestido rojo de los que dificilmente se olvidan. La joven soprano sevillana fue la Zerlina del Don en el célebre dúo Là ci darem la mano, mostrando desde el principio la química existente entre estos dos cantantes que tan a menudo han compartido escenario. Una voz bonita y personal y toda la gracia del mundo moviéndose por el escenario son las grandes bazas de Rocío Ignacio para enamorar al público, junto con esa belleza de Inmaculada de Murillo y la seguridad y el aplomo de una diva. Encontré en ella nuevos detalles, mejoras desde la última vez que la vi hace justo un año, y esto es siempre buena señal en un cantante porque quiere decir que no deja de estudiar, de intentar superarse. Cantó el vals de Musetta (papel que ha interpretado con gran éxito hace pocos meses en Florencia), y a continuación, ya junto a Carlos, el dúo de Pamina y Papageno de La Flauta Mágica. Carlos nos regaló una interpretación sentidísima y apasionada de L'ultima canzone de Tosti que arrancó los primeros bravos al público, para dejar paso a Rocío y la opereta: Meine lippen sie küssen so heiss. Cerró esta primera parte del recital el precioso dúo del Hamlet de Thomas, donde ambos estuvieron extraordinarios. Ella se reveló como una deliciosa intérprete del repertorio francés, y Carlos... qué decir de ese fraseo envolvente, de esas notas de terciopelo, de esos pianissimi de chocolate negro que se funde y te derrite. Pura delicatessen.


La segunda parte estuvo dedicada íntegramente a la Zarzuela, género en el que Carlos ha brillado como todos los grandes cantantes españoles, y volvió a brillar anoche, derrochando pasión, gracia y bravura. Sin duda es uno de los cantantes que hacen amar el mal llamado "género chico". La Canción de manacor de El Niño Judío, Canción del Gitano de La Linda Tapada y la Jota de Perico de El Guitarrico fueron las elegidas por Carlos, mientras que Rocío cantó Yo que siempre de los hombres de Chapí y Me llaman la primorosa de Gerónimo Giménez. Juntos interpretaron el dúo de Carolina y Vidal de Luisa Fernanda y No te asustes tú, alma mía, de El puñao de rosas. 

Al final, aplausos, bravos, flores y dos bises de musical: Memory de Cats, a cargo de Rocío, y The impossible dream, de El hombre de La Mancha, en la voz de Carlos. Esa voz maravillosa que una vez soñamos con volver a escuchar sin saber si soñábamos un sueño imposible, y que anoche fue más realidad que nunca. Una realidad color de chocolate negro, que es terciopelo y es caricia pero sabe a esfuerzo, a lucha y a triunfo. Y no sé cómo se atrapan los sueños una vez que se han hecho realidad, pero si es con aplausos y cariño, este que es volver a tener a Carlos Álvarez sobre nuestros escenarios nunca más se nos escurrirá entre los dedos.

Vídeo de elias12186

martes, 29 de mayo de 2012

La magia de Plácido. Cyrano en el Teatro Real




Esta crónica es a todas luces prescindible. A estas alturas nadie necesita que le cuenten que Plácido Domingo firmó una actuación brillante en un teatro de ópera, porque se da por sentado. Es redundante incluso en mi propio blog, donde hay ya numerosos relatos de las hazañas del tenor  a las que he tenido la suerte de asistir. Pero a veces las cosas superfluas son las que más falta nos hacen, y estos días necesito contaros las funciones de Cyrano de Bergerac en el Teatro Real, o más bien agradecer en voz alta, una vez más, a quien tantos momentos de intensa emoción y belleza me ha hecho vivir. Tres Cyranos presencié, tres actuaciones diferentes pero cuya riqueza no se puede encontrar en ningún otro artista. Tres oportunidades para ser testigo privilegiado del milagro de Plácido Domingo, que contra todo pronóstico se sigue produciendo.

No conocía la ópera de Alfano, exceptuando los fragmentos más populares, y si bien no la calificaría de arrebatadora es justo decir que posee momentos de gran belleza y lirismo, al servicio principalmente del tenor protagonista. Esto y las características del personaje de Cyrano, inmortal y fascinante como pocos gracias a la obra de Rostand, hacen que no nos extrañe nada que Plácido, siempre a la búsqueda de nuevas obras y personajes que pueda enriquecer con su talento, no dudara en interpretarlo en el Metropolitan en 2005, rescatando así una ópera y un héroe que no sólo le van como anillo al dedo, sino que sin él pierden bastante de su épica y su poesía. En esta ocasión, la puesta en escena de Petrika Ionesco, espectacular y muy teatral, suplía los momentos menos inspirados de la partitura con fuegos de artificio y espadachines, y ensalzaba los más hermosos, sin duda la escena del balcón y la escena final, con elegancia y sutileza.


Fueron compañeros destacadísimos del héroe el coro, con amplio protagonismo en la obra y una actuación brillante bajo la dirección de Andrés Máspero, y el resto de solistas. No es fácil estar a la altura de una leyenda viva de la ópera, y todos ellos lo estuvieron, empezando por Ainhoa Arteta en el papel de Roxane. La soprano vasca fue mejorando con el paso de las funciones, mostró una voz amplia, rotunda, con un centro hermoso y múltiples detalles de un gusto exquisito, amén de una actuación dramática intachable. Los agudos, como en la Musetta del Liceu, me siguen parecendo delgaditos y esforzados, pero esto es un detalle menor en el conjunto de su interpretación, que fue magnífica. Michael Fabiano era el desdichado Christian, y logró no desaparecer al lado de Plácido, lo cual es ya decir mucho. Este joven tenor estadounidense tiene una voz limpia que se proyectaba a la perfección sobre la densa orquesta de Alfano, y supo reflejar el carácter orgulloso pero ingenuo de su personaje. Fantástico como acostumbra Ángel Ódena como De Guiche. No conociendo bien la obra me es dificil hablar sobre la dirección musical de Pedro Halffter, aunque la orquesta me sonó empastada, rica, llena de matices, si bien un poco atronadora. No eran voces pequeñas lo que había en el escenario, y a veces tenían que luchar contra ella.


Y qué decir del maestro. Más de 70 otoños cargan sus anchas espaldas y la ilusión aún brilla desafiante en sus ojos infantiles. Aún es capaz de llenar un personaje con toda la pasión, con todo el alma, con toda la profundidad y la riqueza que merece este Cyrano ingenioso, insolente y pendenciero al que ahoga un amor que hiere más que todas las espadas de Francia. Inmenso como actor, su carisma y su sabiduría escénica suplen con creces la rapidez de movimientos que ya le falta en las peleas de esgrima para que igualmente nos parezca ágil como Scaramouche. Pero Plácido no es un ancianito que sale a escena revestido sólo de la historia que ha escrito. Él sigue siendo el cantante más profesional, el más entregado, el que lleva el peso de la acción sobre sus hombros sin despeinarse a fuerza de talento y de trabajo. Sigue agachándose, levantándose, cayendo desplomado como la acción lo requiere una y mil veces. Y sobre todo sigue cargando cada frase de heroísmo, humor o desgarro con un canto que aún hace temblar los cimientos del alma, porque lo que se oye cuando él canta es aún la voz de Plácido Domingo. 

Y uno no puede conservar la entereza cuando lo envuelve el sonido de esa voz, que conserva intactos la belleza y el terciopelo de hace 30 años. Uno no puede mantenerse sereno cuando lo inundan todo el sentimiento, la pasión, la poesía que aún vibran en ella bajo la luna artificial, en ese escenario que transforma al viejo tenor y lo hace joven, vulnerable, enamorado de un amor doloroso que lo ahoga y lo condena, pero que por unos minutos es libre de hacer volar bajo un balcón y que vuela también hacia nuestras butacas, y nos libera. Y nos hace ajenos durante ese instante al tiempo que, como el amor de Cyrano, duele y ahoga y condena, y nos repite que un día el milagro ya no será, pero no ahora, no todavía, no mientras esa voz poderosa siga atravesando la orquesta y tapando a todas las demás en el trío final del primer acto, no mientras le dé a la muerte del poeta la belleza del canto de un cisne, mientras aún sea capaz de arrancarnos las lágrimas con ese sonido único, oscuro y aterciopelado en el que palpita toda la ópera. Desde el valiente Cavaradossi al barroco Tamerlano, del glorioso Otello al crepuscular Boccanegra, nadie se muere en escena como Plácido Domingo. Ojalá siga muriéndose sólo en escena por toda la eternidad. Gracias, Plácido.


Vídeo de gavitana