domingo 6 de febrero de 2011

Amar la Zarzuela: Katiuska, de Pablo Sorozábal.


Muchos de los recuerdos más bellos que poseo tienen que ver con mi infancia y la casa de mis abuelos. La banda sonora de estos momentos es la Zarzuela, que sonaba en el tocadiscos de mi abuela a todo volúmen: creo que ya os he contado en alguna ocasión que pocas cosas amaba más que la Zarzuela y a Don Alfredo Kraus. Recuerdo los discos de vinilo esparcidos sobre la mesa: La Revoltosa, La del manojo de rosas, La Dolorosa, Doña Francisquita... pero tenía especial predilección por Katiuska, del maestro Pablo Sorozábal. Me parece estar viendo la portada, y aún la escucho cantar las romanzas junto a Pilar Lorengar, y explicarme el argumento, que a decir verdad no sé si llegué a entender nunca. Cada vez que recuerdo a mi abuela me hago la promesa de prestar un poco más de atención a la Zarzuela, aprovechar la suerte de tener en mi ciudad un teatro dedicado a este género donde lo interpretan cantantes de primer nivel, comprar algún disco. Pero reconozco que la Ópera me tiene tan atrapada que pocas veces puedo llevar a cabo mis buenos propósitos.


No hace mucho, sin embargo, me topé en la estantería de una tienda con este disco, y todos mis recuerdos, los mejores, se me agolparon de pronto el pecho. Era una de estas ediciones sencillas y bonitas de EMI, con un diseño mucho más moderno, pero se trataba exactamente de la misma grabación que sonaba en casa de mi abuela. La compré con emoción, en honor a ella y sin importarme lo más mínimo que aquella música que ella tanto adoraba me pudiera decepcionar años después. Simplemente, aquel disco tenía que venir conmigo a casa y no podía ser de otra manera. Y al ponerlo me llevé una sorpresa de proporciones monumentales: no era que me trajera recuerdos, ni la voz del gran Alfredo Kraus que, por sí misma, puede hacer que me guste casi cualquier cosa. ¡Es que se trataba de una música maravillosa! En la línea delicada y emocionante del más puro melodrama romántico, con unos bellísimos números corales, unas romanzas exquisitas, chispeantes partes para los personajes cómicos y por supuesto las melodías pegadizas que cualquier zarzuela debe poseer, pero ¡tan inspiradas...! Sólo el coro con el que abre la zarzuela, Todo es camino, ya impresiona por su belleza y melancolía, como la primera romanza del barítono, Calor de nido, en la hermosa voz y el canto delicado de Renato Cesari.


Vídeo de Sarastrone

Katiuska fue la primera obra lírica de Pablo Sorozábal (1897-1988), se estrenó en el Teatro Victoria de Barcelona en 1932 y en el Rialto de Madrid en 1939, y pronto sus romanzas y melodías se hicieron muy populares en toda España. El libreto es de Emilio González del Castillo y Manuel Martí Alonso, y hay varias curiosidades acerca de esta obra, que fue titulada opereta y no zarzuela por su autor, y grabada antes de ser estrenada. Tenéis un estupendo y completísimo artículo de Diego Emilio Fernández Álvarez en el que se habla largo y tendido de la génesis y avatares de Katiuska, y del que extraigo una anécdota sacada de la autobiografía de Sorozábal, en la que cuenta cómo cambió por completo el segundo acto después de su estreno atendiendo a la voz del pueblo:

Martí Alonso se puso a ojear la prensa, buscando alguna crítica y yo me dispuse a que me limpiasen los zapatos. Empezó el limpiabotas su faena y antes de terminar la limpieza de uno de los zapatos se dirigió a mí diciéndome:
-¡Vaya música más bonita que ha escrito usted!
-¿Estuvo en el estreno?
-Claro que estuve.
-¿Y le gustó?
-La música sí, pero el libro es una m…
-Dígame ¿porqué no le gustó el libreto?
-¡Hombre! -me contestó- el primer acto si que me gustó, y mucho, pero el segundo, aquello de París y del cabaret, nada.
-¿Qué es lo que a usted le hubiese gustado?
-Mire, no sé… pero después de los tiros y de ver como el barítono, Marcos, saltó por la ventana, lo que me hubiese gustado es saber si le habían herido o si había logrado escapar.


Terminó su faena, se fue con su caja a postrarse ante otro cliente que le había hecho señas y yo le dije a Manolo Martí: Este es el que tiene la razón. No se trata de cortar, peinar, quitar o poner penachos. Tenemos que hacer un acto nuevo. Mi colaborador en principio puso cara de asombro. Luego me dio la razón. Todavía no sabíamos como iba a reaccionar la gente, ni la empresa. Pero yo me di cuenta de que al final quien tenia razón era el limpiabotas y estaba decidido a seguir su opinión....A eso de las cuarenta representaciones, un buen día se levantó el telón y sin haberlo anunciado se representó la “Katiuska” sin el cabaret de París, todo sucedía en un solo decorado y sin salir de Rusia. Y fue un éxito.


Vídeo de Kraustrujillo

Pablo Sorozábal fue un gran músico y director de orquesta, autor de música de cámara y sinfónica y hasta bandas sonoras (Marcelino pan y vino, 1955). Pero aquel hombre que quiso dirigir la sinfonía Leningrado de Shostakovich con la Orquesta Sinfónica de Madrid en pleno 1952, lo que le costó cesar como director, fue sobre todo el autor de obras maravillosas como La del manojo de rosas o La tabernera del puerto, creador de romanzas inolvidables y melodías que van siempre con nosotros aunque a veces no seamos conscientes. El maestro Sorozábal vivió lo suficiente para darse cuenta de que con él moría la Zarzuela, un género que amó y al que dedicó la mayor parte de su vida. Y yo, escuchando su música, pienso que quizá aún podamos demostrarle que se equivocaba. Que, al igual que mi abuela, y tantos otros que la han amado la Zarzuela, también nosotros hoy podemos emocionarnos con un dúo, tararear un coro, soñar con una romanza... Que la Zarzuela seguirá viva mientras haya quien la cante, como la cantaron Lorengar, Cesari, el gran Kraus, Berganza, Caballé, como la canta Plácido; que no morirá mientras haya quien la escuche y se emocione como yo me emocioné escuchando Katiuska.

Las cosas, como las personas, permanecen vivas mientras alguien las ama. Intentemos que la Zarzuela siga viva. Creo que merece la pena.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Siempre merece la pena aquello que amamos, y la zarzuela muchos la llevamos metida en el alma amándola profúndamente.

Éste género ha dado, y sigue dando intérpretes que han bordado los personajes en ellas descritos por sus autores. No nos olvidemos de nombrar a los grandes tenores cómicos que han dado vida a seres pícaros, como el Barberillo de Lavapies; a entrañables, como Romo y a tantos y tantos que caminan por el escenario de nuestra memoria cantando sus andanzas.

Quiero mencionar al que fué uno de los mejores tenores cómicos que dió España; hablo de Santiago Ramalle, quien llevaba la zarzuela metida en la sangre como un delicioso elixir. Sólo puedo expresar mi gratitud hacia éste gran intérprete y profesional.

Contrapunto dijo...

Me has transportado a mi infancia y juventud.
He crecido escuchando ópera y zarzuela, además conocí a Dª Pablo Sorozabal, veraneaba en Deba (Guipúzcoa) mi pueblo natal y iba a la tertulia y conversaba con mi padre.
Mi padre era tenor y juntos cantabamos las romanzas de La Dolorosa, El manojo de rosas, Dª Manolito, etc.
Gracias por este recuerdo a tu abuela.

Papagena dijo...

Gracias a tí, Contrapunto, por compartir con nosotros esos preciosos recuerdos... ¡qué suerte conocer al Maestro Sorozábal!

Y gracias a tí también, Anónimo, por tu bonito comentario.

Un beso a los dos :)