
A casi todos los que amamos el cine nos resulta muy difícil decidirnos por una película entre todas las demás. Es frecuente preguntar cuáles son tus diez películas, o tus cinco apurando mucho. Y puede ser que si nos fuerzan a escoger un solo título, este varíe de una hora para otra, según el estado de ánimo o el momento del día. En mi caso, durante la mayor parte de los momentos de los últimos años el título tiende a ser siempre el mismo: El hombre que mató a Liberty Valance (The man who shot Liberty Valance, 1962). He perdido la cuenta de las veces que la he visto, y sin embargo nunca lo había hecho en el cine hasta ayer. El Círculo de Bellas Artes de Madrid ofrece durante este mes de Febrero un ciclo dedicado a John Ford con varias de sus obras maestras, así que anoche tuve la oportunidad de sentir un poco de la emoción que mi madre tantas veces me ha descrito, cuando los niños del Madrid de los 50 quedaban hipnotizados por la magia de los grandes en aquellas sesiones contínuas de los cines de barrio. Aquellos niños no tenían ni idea de que estaban contemplando una obra maestra, pero les entusiasmaba. Esa es la esencia del gran cine, presente en toda la obra de Ford: películas que entretienen, apasionan, fascinan, que nunca llevan puesta la etiqueta "arte" y precisamente por eso lo son. Lo mismo ocurre con sus actores, cuyas interpretaciones están grabadas para siempre en la memoria cinematográfica colectiva porque conmueven sin métodos ni aspavientos, sin esa odiosa pose de actor ofreciendo una clase magistral que tanto se aleja del cine en estado puro.

Ver una película en el cine no es lo mismo, nunca lo fue. El rostro de John Wayne es aún más imponente en la gran pantalla, la risa de Lee Marvin fascina mucho más, la belleza plástica del cine de Ford se aprecia en toda su dimensión sólo desde un patio de butacas. Es por esto que ayer fui inmensamente feliz disfrutando de mi película favorita (a pesar de que la copia estaba en unas condiciones lamentables: señores del Círculo, si no tienen una copia sin manchas y saltos es mejor que no la ofrezcan, que la entrada es barata pero no la regalan). Como siempre que la vuelvo a ver, me emocionó igual que la primera vez, y descubrí cosas nuevas. Siempre hay algo. En esta ocasión fue la sutil y extraordinaria interpretación de Vera Miles, que a menudo, por la fuerza de los personajes masculinos, pasa casi inadvertida. Los primeros minutos de película, y muy especialmente los últimos, son un despliegue de delicadeza y a la vez de fuerza interpretativa, concentrando en una mirada, en una palabra, toda la poesía que encierra esta historia, que es, como la de Shakespeare, la de la vida misma y su música, al son de la que bailan los hombres y sus pasiones.

El hombre que mató a Liberty Valance está llena de detalles sutiles de un lirismo arrasador en su sencillez, y de imágenes de belleza plástica asombrosa, dignas de los más grandes maestros de la pintura. Pero también es, en el mejor y más clásico sentido del término, una película del oeste, con uno de los villanos más carismáticos de la historia ( el que marcó para siempre la carrera de Lee Marvin), el duelo más magistral jamás rodado, saloon, sheriff y, por supuesto, John Wayne. Ellos dos, junto a un James Stewart que firma probablemente su mejor trabajo, protagonizan una de mis escenas favoritas de todos los tiempos:
Vídeo de AVictorRex
Podría estar días enteros hablando de El hombre que mató a Liberty Valance. De las inagotables lecturas de su historia, de sus personajes eternos y entrañables, de sus diálogos perfectos y sus inmensos actores, de esas puertas que recortan las figuras a contraluz y las escenas de acción impecables... Pero estoy segura de que hay quien lo ha hecho ya mejor y más científicamente, y la bibliografía al respecto es suficientemente amplia como para que yo pueda limitarme a contaros cuánto amo esta película, y a recomendaros que la veáis. Si no lo habéis hecho aún, porque os espera una historia maravillosa; si como yo la conocéis de memoria, porque siempre habrá algo nuevo que descubrir: como las grandes obras de arte, no se acaba nunca.

Ciclo John Ford en el Círculo de Bellas Artes de Madrid hasta el 20 de Febrero.

Ciclo John Ford en el Círculo de Bellas Artes de Madrid hasta el 20 de Febrero.
4 comentarios:
tres interessant, merci
Una de las grandes obras maestras de la historia del cine... todo es fantástico y nada sobra. Y con un montón de escenas irrepetibles de esas que convierten al cine en el séptimo arte.
Saludos y flores de cactus para todos :-)
Miguel Angel, Velázquez, Quevedo, Shakespeare, Mozart, Maria Callas, Beatles, John Ford... cuando el ser humano sale redondo no nos queda sino arrodillarnos.
Recuerdos para el cine Chiki y sus aplausos cuando John Wayne se levanta de la silla en la escena que tanto te gusta.
Nunca ha estado John Wayne tan perdido y nunca ha sido tan él como cuando aparece borracho para empujar a James Stewart, a asumir eldestino que él mismo había trazado.
Publicar un comentario en la entrada