lunes 18 de abril de 2011

Sentirse orgullosa de los cantantes españoles, ossia Luisa Fernanda en el Teatro de la Zarzuela.


Esta tarde, al caer el telón del Teatro de la Zarzuela, le he dicho a Fedora, que me acompañaba: Menos mal que los cantantes españoles no saben cantar. Porque si ya de por sí duele la ofensa gratuíta a un colectivo tan querido, en tardes como esta queda al descubierto lo injusto y lo ridículo de las afirmaciones del director artístico del Teatro Real, Gérard Mortier. Ha sido una función de brillo y exhibición de nuestros profesionales, de orgullo por admirarlos y saber que triunfan en otros países, de indignación por no poder disfrutarlos en la ópera de mi ciudad. Pero por encima de todo ha sido una noche de Zarzuela, con una de las obras más emblemáticas y destacadas del género, esta Luisa Fernanda hermosa, castiza y emocionante cuya música está grabada en el corazón de cualquier amante del género.

En el papel protagonista de Vidal estuvo, espectacular como nos tiene acostumbrados, Juan Jesús Rodríguez. Aún no le conozco una mala noche a este extraordinario barítono, que a la calidad indudable de su voz suma el aplomo que le da su amplia experiencia. La sabiduría y la nobleza del canto de Juan Jesús, sus actuaciones siempre impecables, le han convertido en un valor seguro de nuestro panorama lírico, y en uno de los cantantes más queridos por el público madrileño, como de nuevo corroboraron los mayores aplausos de la noche, que fueron para él. Por cierto que ayer era su cumpleaños, y al caer el telón pudimos escuchar claramente cómo todos sus compañeros entonaban el "cumpleaños feliz": pocas veces se habrá escuchado mejor cantado, como os podréis imaginar.


Cristina Gallardo-Dômas es sin duda uno de los grandes nombres de la Ópera de los últimos años. Guardo como un tesoro el recuerdo de su Cio-Cio San, magnífica y conmovedora hasta las lágrimas, una creación absoluta que es una suerte poder haber disfrutado en vivo. En esta ocasión, sin embargo, no logra componer una Luisa Fernanda que llegue. Principalmente porque el desgaste de su voz es evidente, es un instrumento ya muy dañado. Pero también porque ese histrionismo suyo tan característico que en muchas óperas ha dado resultados espectaculares (en la vida olvidaré sus lágrimas reales durante el Coro a bocca chiusa en la última Butterfly de Madrid), resulta excesivo en las partes habladas, y si bien es una maestra dando a los personajes el aire tierno y desamparado que también tiene esta Luisa, el personaje no termina de cuajar. No obstante, vocalmente su interpretación fue creciendo y alcanzó los momentos más bellos en el precioso dúo con Javier del tercer acto, Cállate, corazón.

Ese Javier Moreno por el que Luisa Fernanda pierde la cabeza no es otro que el tenor granadino José Manuel Zapata, que reaparecía en la escena lírica tras los problemas de salud que le obligaron a cancelar sus últimos compromisos con el Liceu de Barcelona. No escuchaba a Zapata en un papel lírico desde el Tancredi de hace tres temporadas en el Real, y os puedo decir que aquel no es el mismo tenor que escuché anoche. Zapata ya no es un ligero rossiniano: su voz ha crecido, se ha ensanchado, y sus características vocales hoy rozan las del lírico pleno. Un cambio tan radical de la voz impone un nuevo repertorio, pero sobre todo una adaptación técnica árdua, larga y difícil. Si tu voz ya no es aquella con la que aprendiste a cantar debes aprender a cantar de nuevo, y a esa labor está entregado de lleno este tenor ,que posee una de las mejores materias primas de su cuerda. Los resultados son ya visibles y el progreso es evidente: su centro robusto ya no se adelgaza al subir al agudo para poder deslizarse por las endiabladas coloraturas rossinianas, resultando una voz mucho más homogénea en todo el registro, completamente libre de sonidos nasales y con un hermoso esmalte. Se adivina también un trabajo insistente en el canto ligado, del que el repertorio del contraltino rossiniano prácticamente carece, pero que es imprescindible a la hora de afrontar roles más líricos. Hay, por tanto, algún sonido ligeramente inseguro a los que no estábamos acostumbrados con el impecable Zapata rossiniano, debido precisamente a este proceso de reajuste que aún no está plenamente asentado. Pero a cambio, queridos... qué belleza la de esta voz corriendo libre en frases largas, qué potencia en esos agudos luminosos que llenan el teatro entero, qué intención en la romanza, qué delicadeza en los dúos, qué seguridad creciente transmite este cantante que comienza a encontrarse cómodo en la piel de un lírico. Qué buenas sensaciones, qué buenas perspectivas... qué gran noticia para los amantes de la Ópera este nuevo Zapata.

Y siguiendo con los cantantes españoles, interpretaba el papel de la Duquesa la magnífica soprano canaria Yolanda Auyanet. Este es uno de los muchos casos de profesionales nuestros que triunfan fuera de España, y yo me pregunto por qué esta mujer no para de cantar en Italia , por ejemplo, y no la vemos como protagonista en uno de los grandes teatros españoles, donde hemos escuchado tantas voces extranjeras de peor calidad que la suya. Sus méritos son más que sobrados, y como un sonido vale más que mil palabras, dejo que la escuchéis, no como duquesita, que no la he encontrado, sino en algo de sobra conocido. Juzgad vosotros mismos.


Vídeo de OperaFan2008

En cuanto a la orquesta que dirigía Cristóbal Soler, sonó bastante brusca y pasada de decibelios en muchas ocasiones, hasta el punto de tapar a los protagonistas en algún momento (y ninguno de los cuatro tiene precisamente problemas de volumen, como sabéis). La puesta en escena , basada únicamente en paneles que proyectan imágenes, tiene algún momento bueno, como el final con Vidal solo bajo las estrellas, pero en general es bastante fea, repetitiva y aburrida. Y otro detalle importante son los cortes y cambios en los diálogos, que ignoro a qué se deben pero que son imperdonables sobre todo en las frases finales que intercambian Javier y Vidal, aquello de "-Dele usted un beso de padre" "-¡No! No lo intentes siquiera. Porque si llego a besarla... mira que no te la llevas". Este diálogo está cortado entero y sólo se oye el "Mira que no te la llevas", perdiendo el final parte de su intensidad.

Con todo fue, como os he dicho, una estupenda noche de Zarzuela, donde pudimos disfrutar de la música de Moreno Torroba pero sobre todo de las excelentes voces y el buen hacer de los cantantes españoles, profesionales intachables a los que desde aquí doy las gracias por esta y por tantas otras noches felices que me han regalado con su arte. Y lo que te rondaré, morena... morena clara.

3 comentarios:

Fedora dijo...

¡Pero que bien escribes "jodia"!. Suscribo cada una de tus palabras. Fue una función "operística" maravillosa. Y olvidemos los poquitos "peros" que encontramos.

Contrapunto dijo...

Excelente crónica. y gran zarzuela Luisa Fernanda.
Saludos cordiales

butacaenanfiteatro dijo...

Lo primero y más importante: he leído mil críticas de esta Luisa, sea en Oviedo, sea en Madrid, y solo tú y yo nos mostramos indignados con la poda del hermosísimo verso hablado de esta zarzuela. Da que pensar. O bien tú y yo somos zarzueleros de pro, o bien la gente no se entera de nada o no sé... Cuando dediqué un párrafo entero a este tema en MC y ví que nadie más lo hacía, me incomodé. Ya era hora de que alguien más denunciase esto, que es directamente inadmisible.
JJ estuvo SUPERIOR, nunca le había escuchado en directo y fue una sorpresa. También me causó grata impresión Auyanet, aunque la sorpresa fue menor porque muchos me habían hablado bien de ella. Me gustará escucharla en partes de mayor compromiso.
No me tocó Zapata en Oviedo así que no opino, y, en cuanto a Gallardo, creo que se ve doblemente perjudicada: al hecho de que Luisa Fernanda es un personaje que palidece al lado de los otros tres principales en cualquier aspecto hay que sumar la poda del texto hablado....
A mí, la producción me pareció muy agradable de ver. Creo que el futuro del teatro musical va por esos derroteros y la cosa funcionaba...

Besos desde la Butaca!