
Cuando uno va a una función de ópera, hay pocas cosas tan emocionantes como asistir al comienzo de algo grande. Tener la certeza de que habrá un antes y un después de esa noche de la que hemos sido partícipes con nuestra emoción, nuestros aplausos, con los latidos de un corazón acelerado. El pasado 13 de Junio, en Valencia, tuve la inmensa suerte de ser testigo del debut de Jorge de León en el papel de Mario Cavaradossi, y puedo aseguraros que lo que allí sucedió fue un verdadero acontecimiento. Si me atrevo a hablar con tanta seguridad es porque, como sabéis, Tosca es la ópera que mejor conozco, la que más amo, la primera que ví en teatro y la que más veces he escuchado. Y si me acerqué a ella, y si adoro la voz de tenor sobre todas las demás, fue por las arias de su protagonista, ese Mario que es para mí el héroe entre todos los héroes. A lo largo de los años en que mi pasión por la ópera ha ido creciendo, he disfrutado una y mil veces de todos los grandes Cavaradossis de la historia, y también de los actuales, esos que hoy le dan vida en los teatros, y cada una me he vuelto a enamorar de este pintor valeroso y amante que se despide de la vida con el aria más bella jamás escrita para tenor. Si hay un papel que conozco y amo, en suma, ese es Mario Cavaradossi.
Jorge de León nunca lo había cantado antes. Es más, la noche de su debut hacía 20 días , desde el fin de los ensayos, que no pisaba el escenario para hacerlo (Marcelo Álvarez, en contra de su costumbre, había cantado todas las funciones que tenía contratadas: después de escuchar a Jorge es facil deducir por qué). Mi expectación era grande: tras su sonado éxito en el Andrea Chénier madrileño, en sus siguientes papeles, y especialmente en el Radamès de Valencia, el tenor canario había mostrado una progresión espectacular, y Puccini parecía el medio ideal para una voz como la suya. No os negaré que esperaba mucho de él cuando ocupé mi localidad en el Palau dispuesta a disfrutar de mi ópera favorita. Pero lo que ví y escuché superó con creces todas mis expectativas. Porque sobre el escenario de Les Arts no apareció el joven tenor que debutaba el papel protagonista, sino el mismo Mario Cavaradossi. Tenía su mirar, su gesto y sus maneras, su valor, su pasión y su ternura, y por supuesto su voz. Una voz de verdadero tenor spinto, brava y poderosa, de un hermosísimo color cálido y con agudos de una potencia y belleza espectaculares.

La seguridad y la perfección en el agudo de Jorge de León ya rindieron a sus pies al público madrileño en aquellas funciones de Chénier. Pero ahora, apenas año y medio después, hay mucho más que aquella fuerza de la naturaleza: hay mil y un matices nuevos, hay suavidad, riqueza, sabiduría. Y ese progreso vertiginoso no lo da por sí mismo un instrumento privilegiado: necesariamente ha de ser el fruto de un trabajo incansable, concienzudo, humilde, y también de una gran inteligencia y un talento fuera de lo común. Desde ese primer Che fai? se hizo evidente que la identificación con el personaje era absoluta, y a lo largo de toda la función fue imposible ponerle un pero a su trabajo actoral. No dejó translucir ni rastro de los nervios propios de un debut de semejante envergadura (para colmo retransmitido en directo a 60 ciudades de 21 países europeos), ni de las pequeñas dificultades que pueda plantear el que todas las funciones el movimiento escénico se haya trabajado con otro tenor. Creedme: allí estaba Mario en persona. Y por si quedaba alguna duda, la prueba de fuego: un Recondita armonia cantado con tal gusto y derroche de medios que en ese mismo instante los Cavaradossis de toda una vida, la mía, se esfumaron sin dejar rastro y sólo quedó aquel, cuya cara morena por el sol de las islas recordaba tanto a la del tenor tinerfeño que triunfara en Madrid con Andrea Chénier. El teatro, naturalmente, se vino abajo.
De ahí en adelante, cada pedazo de este Mario fue un regalo: los pasajes de fuerza, como La vita mi costasse... y por supuesto Vittoria, vittoria! hicieron temblar los cimientos del Palau; los dúos de amor, en los que el tenor cuidó cada gesto, cada mirada y cada frase, estuvieron llenos de detalles preciosos (qué O dolci mani maravilloso), y el momento cumbre, E lucevan le stelle, hondo, medido, pero con ese poso imprescindible de desesperación. Aún me pregunto cómo es posible una interpretación tan brillante, una asimilación tal del personaje al darle vida por primera vez. Tendríais que haber visto la resignación en sus ojos cuando Mario se da cuenta, mientras Floria le cuenta que la ejecución va a ser simulada, de que va a morir; su inmenso valor y su amor infinito por ella al sobreponerse y callar para no empañar sus últimos momentos juntos... aún me maravilla esa comprensión tan profunda, tan sin fisuras, de la esencia de Cavaradossi. Quizá la explicación sea que Jorge de León tiene, al fin y al cabo, mucho en común con Mario: como él, es artista, apasionado y valiente. Lo demostró la noche de su debut, lo corroboraron las ovaciones más intensas y rendidas que se recuerdan en Les Arts y el abrazo del Maestro Mehta en los saludos. Y para contároslo estoy yo, que tuve la fortuna de vivirlo. Si esto es sólo el comienzo, imaginad todo lo que le queda a este tenor por ofrecernos.
Pero ningún héroe puede serlo sin su villano, y en esta ocasión había uno de categoría. El Scarpia de Bryn Terfel haría las delicias de cualquier amante de Tosca. Casi todos conocemos bien al barítono galés: voz grande pero algo leñosa, capaz del refinamiento más exquisito pero también de una considerable brutalidad, carisma a la altura de sus dimensiones físicas y una desenvoltura escénica apabullante. Como todo cantante con personalidad, cuenta con rendidos admiradores y detractores implacables: no voy a ocultaros que me encuentro desde hace tiempo entre los primeros. Terfel no sólo se mueve como una pantera por cada rincón de la escena; además tiene dominado el repertorio de gestos de su malvado que es a veces chulesco, otras elegante, pero siempre fascinante. No queda más remedio que adorar a este bigotto satiro con voz de trueno y presencia de castillo que, guste más o menos, es siempre una garantía de calidad, carisma, talento y buen hacer.
Jorge de León nunca lo había cantado antes. Es más, la noche de su debut hacía 20 días , desde el fin de los ensayos, que no pisaba el escenario para hacerlo (Marcelo Álvarez, en contra de su costumbre, había cantado todas las funciones que tenía contratadas: después de escuchar a Jorge es facil deducir por qué). Mi expectación era grande: tras su sonado éxito en el Andrea Chénier madrileño, en sus siguientes papeles, y especialmente en el Radamès de Valencia, el tenor canario había mostrado una progresión espectacular, y Puccini parecía el medio ideal para una voz como la suya. No os negaré que esperaba mucho de él cuando ocupé mi localidad en el Palau dispuesta a disfrutar de mi ópera favorita. Pero lo que ví y escuché superó con creces todas mis expectativas. Porque sobre el escenario de Les Arts no apareció el joven tenor que debutaba el papel protagonista, sino el mismo Mario Cavaradossi. Tenía su mirar, su gesto y sus maneras, su valor, su pasión y su ternura, y por supuesto su voz. Una voz de verdadero tenor spinto, brava y poderosa, de un hermosísimo color cálido y con agudos de una potencia y belleza espectaculares.

La seguridad y la perfección en el agudo de Jorge de León ya rindieron a sus pies al público madrileño en aquellas funciones de Chénier. Pero ahora, apenas año y medio después, hay mucho más que aquella fuerza de la naturaleza: hay mil y un matices nuevos, hay suavidad, riqueza, sabiduría. Y ese progreso vertiginoso no lo da por sí mismo un instrumento privilegiado: necesariamente ha de ser el fruto de un trabajo incansable, concienzudo, humilde, y también de una gran inteligencia y un talento fuera de lo común. Desde ese primer Che fai? se hizo evidente que la identificación con el personaje era absoluta, y a lo largo de toda la función fue imposible ponerle un pero a su trabajo actoral. No dejó translucir ni rastro de los nervios propios de un debut de semejante envergadura (para colmo retransmitido en directo a 60 ciudades de 21 países europeos), ni de las pequeñas dificultades que pueda plantear el que todas las funciones el movimiento escénico se haya trabajado con otro tenor. Creedme: allí estaba Mario en persona. Y por si quedaba alguna duda, la prueba de fuego: un Recondita armonia cantado con tal gusto y derroche de medios que en ese mismo instante los Cavaradossis de toda una vida, la mía, se esfumaron sin dejar rastro y sólo quedó aquel, cuya cara morena por el sol de las islas recordaba tanto a la del tenor tinerfeño que triunfara en Madrid con Andrea Chénier. El teatro, naturalmente, se vino abajo.
De ahí en adelante, cada pedazo de este Mario fue un regalo: los pasajes de fuerza, como La vita mi costasse... y por supuesto Vittoria, vittoria! hicieron temblar los cimientos del Palau; los dúos de amor, en los que el tenor cuidó cada gesto, cada mirada y cada frase, estuvieron llenos de detalles preciosos (qué O dolci mani maravilloso), y el momento cumbre, E lucevan le stelle, hondo, medido, pero con ese poso imprescindible de desesperación. Aún me pregunto cómo es posible una interpretación tan brillante, una asimilación tal del personaje al darle vida por primera vez. Tendríais que haber visto la resignación en sus ojos cuando Mario se da cuenta, mientras Floria le cuenta que la ejecución va a ser simulada, de que va a morir; su inmenso valor y su amor infinito por ella al sobreponerse y callar para no empañar sus últimos momentos juntos... aún me maravilla esa comprensión tan profunda, tan sin fisuras, de la esencia de Cavaradossi. Quizá la explicación sea que Jorge de León tiene, al fin y al cabo, mucho en común con Mario: como él, es artista, apasionado y valiente. Lo demostró la noche de su debut, lo corroboraron las ovaciones más intensas y rendidas que se recuerdan en Les Arts y el abrazo del Maestro Mehta en los saludos. Y para contároslo estoy yo, que tuve la fortuna de vivirlo. Si esto es sólo el comienzo, imaginad todo lo que le queda a este tenor por ofrecernos.
Vídeo de MrsTLeighton
Pero ningún héroe puede serlo sin su villano, y en esta ocasión había uno de categoría. El Scarpia de Bryn Terfel haría las delicias de cualquier amante de Tosca. Casi todos conocemos bien al barítono galés: voz grande pero algo leñosa, capaz del refinamiento más exquisito pero también de una considerable brutalidad, carisma a la altura de sus dimensiones físicas y una desenvoltura escénica apabullante. Como todo cantante con personalidad, cuenta con rendidos admiradores y detractores implacables: no voy a ocultaros que me encuentro desde hace tiempo entre los primeros. Terfel no sólo se mueve como una pantera por cada rincón de la escena; además tiene dominado el repertorio de gestos de su malvado que es a veces chulesco, otras elegante, pero siempre fascinante. No queda más remedio que adorar a este bigotto satiro con voz de trueno y presencia de castillo que, guste más o menos, es siempre una garantía de calidad, carisma, talento y buen hacer.
Alla cantata ancor manca la diva... ¿qué hay de la protagonista, la que da nombre a la ópera? La guapa soprano ucraniana Oksana Dyka era la encargada de darle vida a la inmortal celosa, con la que ha triunfado en escenarios internacionales. Voz no le falta, desde luego: tiene una potencia descomunal que corre como el viento sobre la orquestación pucciniana. No es un timbre que me llamara la atención por su belleza, y los agudos me parecieron algo estridentes a veces, pero su actuación fue impecable. Sin embargo, aún siendo mi heroína favorita de todos los tiempos, no logró emocionarme, me resultó fría en lo vocal y muy poco expresiva en lo escénico. De todas formas no fue la impresión generalizada, pues el público la aplaudió generosamente. Seguramente, por mi relación tan especial con esta ópera, me he vuelto demasiado exigente.

Y queda hablar del protagonista absoluto de esta velada junto a Jorge de León: el Maestro Zubin Mehta, al frente de la extraordinaria orquesta de la Comunitat Valenciana, que me hicieron disfrutar de una interpretación musical de Tosca de ensueño. Qué riqueza de matices, qué exuberancia, qué sonido indescriptible. Me hablaron mis amigos músicos de un gazapo de esos que esta orquesta no tiene jamás, pero me pasó inadvertido. Cosas de la emoción. En cualquier caso no empaña una lectura inolvidable de esta obra maestra del gran Puccini, en la que, dicho sea de paso, ambos coros (el de la Comunitat, bajo la dirección de Francesc Perales y los niños de la Escolanía de la Mare de Déu dels Desemparats, dirigidos por Luis Garrido) estuvieron una vez más sobresalientes.
Por haber visto y disfrutado una vez más la ópera por la que amo la Ópera; por haberlo hecho en la hermosa Valencia, en un teatro que adoro; por la dirección mágica del Maestro Zubin Mehta y la risa malvada del Scarpia de Terfel; por haber asistido al triunfo absoluto de un tenor maravilloso y tener la certeza de que aquí comienza algo grande de verdad. Por haber sido inmensamente feliz aquella noche, la Tosca del 13 de Junio quedará en mi memoria para siempre.
Por haber visto y disfrutado una vez más la ópera por la que amo la Ópera; por haberlo hecho en la hermosa Valencia, en un teatro que adoro; por la dirección mágica del Maestro Zubin Mehta y la risa malvada del Scarpia de Terfel; por haber asistido al triunfo absoluto de un tenor maravilloso y tener la certeza de que aquí comienza algo grande de verdad. Por haber sido inmensamente feliz aquella noche, la Tosca del 13 de Junio quedará en mi memoria para siempre.
12 comentarios:
Fantástica y sentida crónica. Una de esas que da gusto leerla y re-leerla. Tanto, que me has hecho revivir de nuevo, la velada del pasado lunes.
Y es que efectivamente, el triunfo de Jorge fue absoluto e innegable y todo aquel que lo niegue, seguramente no haya estado presente. Para mi escucharle es todo un acontecimiento y tras haberle escuchado tantas funciones y roles tan opuestos, puedo afirmar que Mario Cavaradossi es el mejor (tampoco se quedó lejos el Pinkerton, otro papel bombón para un tenor). Y la mejoría, ostensible.
Una noche inolvidable por muchos aspectos, tantro pre-función, como durante y después. Y un placer compartirla con gente tan ilusionada y que sabe tanto.
Fantástica y sentida crónica. Una de esas que da gusto leer y re-leer y que me ha hecho recordar la función del pasado lunes.
Y es que efectivamente, Jorge volvió a triunfar. Tengo mucho aprecio por el tinerfeño y tras haberle escuchado tantas funciones y roles tan diversos, puedo confirmar que Mario Cavaradossi ha sido el mejor que le he oído. Y la mejoría, es cierto que es abismal, respecto a otras funciones. Se ve que va por buen camino (ya hizo una buena encarnación en otro papel pucciniano, como es Pinkerton, un papel bombón vocalmente, para el tenor)y todo aquel que diga lo contrario, probablemente no asistió a la función.
Una función inolvidable por muchos aspectos, tanto antes, como durante, como después de la función. Y es que es un placer poder compartir velada con gente tan entusiasta, apasionada y que sabe tanto de ópera.
Como siempre tus críticas son maravillosas. Tanto como la Tosca valenciana...o canaria no sé.
Maravillosa noche, mágica, cálida y una de las mejores voces que he oido últimamente. A mi sí me gustó la diva rusa, pero no soy tan entendida como vosotros.
Y...de tu belleza...qué? Se puede hablar? La más guapa del Teatro. Y no me censures el comentario!!!
Pero que buena eres !!!!!
Que buenisima eres ....
Enhorabuena, amiga, por este pedazo de crónica que te has marcado. Tan bien escrita como siempre y con tanta pasión y autenticidad como el canto de ese señor de Tenerife, que la otra noche demostró que lo verdaderamente importante en este mundo de la ópera es la voz humana.
Un Cavaradossi de los de verdad, de los de siempre, sin trampas ni efectismos baratos.
Un papel del que Jorge podría llegar a ser un referente si sigue por este camino.
Una noche estupenda en la que tu presencia y simpatía tuvo también mucho que ver.
Un beso y espero que lo repitamos pronto.
Yo, tb. tuve la inmensa suerte de compartir esa noche mágica. Para mi, doblemente, pues era neófito y solo puedo decir que estoy enteramente de acuerdo con tu crónica. No puede ser mas acertada. Y tambien decir que, efectivamente Jorge estuvo ¡esplendido! pero que si hubo una belleza en el teatro que sobresalía de forma clara y contundente, esa fué la de tu persona. Estabas (eres) guapisima. Nos veremos en mas de una de estas. ¡Felicidades!
Gracias a todos por vuestros comentarios :)
Arian, de acuerdo en todo. Para mí también fue un placer poder comentar la función con alguien tan APRECIABLE como usted :D
Charlotte, a casi todo el público le gustó la diva, y mal no lo hizo... pero Tosca nunca puede ser fría, y a mí me lo resultó. Gracias por el piropo, tú también estabas muy guapa, que yo te vi jijiji...
Anónimo y Marisa, gracias!
Atticus querido, me halaga sobremanera que te guste mi crónica... también vuestra presencia hizo la noche aún más especial. Gracias por todo lo que me dices, que es precioso.
Antoine, bienvenido al apasionante mundo de la ópera en directo! Te has estrenado con una función de las que "hacen afición". Me alegra que disfrutaras, y desde luego que volveremos a vernos por Les Arts. Y se agradece el piropazo, aunque me ha pillado un poco desprevenida y me debo de haber puesto como un tomate... jajajaja
A todos gracias de corazón por compartir conmigo vuestras opiniones y por las cosas tan bonitas que me decís. Un beso enorme :)
Esperaba con "ansia" esta crónica, y como siempre, me dejas con ganas de seguir leyendo tus críticas todos los días y desear haber estado allí y disfrutar en directo de los momentos que describes. Sencillamente "fantástico relato". Y me alegro mucho que disfrutaras tanto y que Jorge de León haya tenido este gran éxito. Bravo!.
Tanta pasión hubo sobre el escenario por parte de Jorge de León como de Papagena en su crónica. ¿Se habrá recuperado ya de la emoción de la noche o seguirá tiritando tras haber descubierto al Cavaradossi de esta generación? Desde luego, una de las mejores funciones del año. Y ya es curioso que estemos absortos por esta Tosca donde la que menos lució fue la soprano protagonista. Qué curioso...
Emocionado he podido comprobar, palabra a palabra los detalles de esta crónica de la Tosca del Palau, (para muchos, la Tosca de Jorge de León)
También la viví con esa pasión de estar presenciando una de tus óperas favoritas y en la que el resultado, (con esos mimbres, no podría ser de otra manera) está entre lo mágico y lo glorioso. (que de ambas cosas, hubo esa noche).
Gracias por tan apasionada redacción.
Alfredo
Fedora, gracias por tu cariño, da gusto escribir sabiendo que gente como tú lo va a leer y a comprender tan bien. A mí también me emocionan tus crónicas, ya lo sabes :)
Señor Mitchum, un poco tiemblo todavía, no se crea, la cosa no fue para menos. Sí que es curioso que con una protagonista discreta todos saliéramos entusiasmados con esta Tosca, pero creo que la clave esta en que los otros tres elementos indispensables, tenor, barítono y dirección musical, fueron extraordinarios. Me alegra que coincidamos por una vez en que fue una de las funciones de la temporada (si no LA función, jejeje)
Alfredo, es un placer comprobar cómo la emoción de aquella noche tan especial fue compartida por muchos más y poder comentarla juntos.
Gracias a los tres y un beso muy grande! :)
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