
Lo más bello suele ser lo más frágil, los instantes de felicidad, los más efímeros. Lo que llamamos realidad, esa maraña de convenciones, ataduras y fronteras, no admite así como así a los seres que viven fuera de ella y la sobrevuelan, porque le son ajenos aunque también la iluminen. Por eso, si alguna vez una de esas criaturas entra en contacto con el suelo imantado y denso del mal denominado mundo real, lo más probable es que no resista el choque, y, si sobrevive, será transformada, arrebatada ya para siempre de su esencia mágica y atemporal, convertida en un morador más de los oscuros bosques de la existencia gris. Pelléas et Mélisande es la historia de una de estas criaturas, un ser extraño, misterioso, cuyo espíritu vuela libre fuera de las pobres convenciones del mundo terreno, y que morirá aplastado bajo su peso. Por el camino se llevará con ella al muchacho inocente que se atrevió a amarla, en una historia triste de luz engullida por la oscuridad, de amor muerto al poco de nacer.

Basada en la obra de teatro simbolista del premio Nobel Maurice Maeterlinck, la ópera de Debussy nos sumerge desde la primera nota en un mundo onírico de sonidos envolventes, misteriosos, acariciadores e hipnóticos, de una belleza extraña e indescifrable como la de Mélisande, que nos mecen y llevan a través de los sentimientos de sus protagonistas en una corriente que fluye de manera magistral. El pasado 16 de Noviembre, cuando escuchaba por primera vez esta obra en el Teatro Real, no dejaba de preguntarme por qué el viejo y adorado Strauss dijo que no escuchaba música alguna en esta obra. Tal vez no la haya a los oídos de un genio, pero a los míos sí, y tan hermosa, tan atrayente, tan distinta de todo... Me gustó el sonido de la orquesta bajo la batuta de Till Drömann, y me llamó la atención, de entre todas las voces, la de Laurent Naouri en el papel de Golaud. Ese personaje doliente, lastrado por las convenciones, enfermo de posesión, ahogado por el realismo. Y contradictorio, pues la madurez cuya falta reprocha constantemente a Pelléas y Mélisande llamándoles niños emponzoña su visión del mundo, pero a la vez es el carácter ingenuo, libre e inconsciente de los dos jóvenes lo que más le atrae de ellos. La realidad gris ama la luz de los seres extraordinarios pero siempre los destruye: Golaud ama a Mélisande pero la hiere de muerte, quiere a Pelléas pero acaba con su vida. Es probablemente el personaje más complejo de entre los protagonistas, y Naouri no escatima ni un matiz. Con una voz oscura y de considerable volumen, canta con una elegancia exquisita, y conforma un retrato psicológico del personaje extremadamente rico y sutil. Un soberbio cantante y un lujo poder haber escuchado este papel, que es evidente que tiene muy interiorizado, en su voz.
Vídeo de LIRIKXIII
Mélisande, ese ser fascinante, luminoso y frágil cuyo resplandor se apaga como una llama sin oxígeno en la oscuridad del castillo y los negros bosques de Allemonde, estuvo interpretada por la soprano sueca Camila Tilling. Esta mujer posee un timbre bellísimo y la dulzura y delicadeza propias del personaje, pero a veces se hacía muy difícil oírla. Particularmente en la escena en que Mélisande cepilla sus cabellos asomada a la ventana de la torre, que en esta producción debe cantar subida a una estructura al fondo del escenario, resultaba un sonido débil y lejanísimo pese a que todo el principio lo canta sin acompañamiento musical alguno, en ese silencio mágico en el que la voz de Mélisande surge irreal e hipnótica creando uno de los instantes más bellos y arrebatadores de toda la ópera. Ni que decir tiene que gran parte de la magia del momento se perdió porque esa voz que surge surgía más bien poquito. Dejando esto (que no es cosa de poco) aparte, por la belleza de la voz y el impecable buen gusto de Tilling, seguro que será un verdadero placer escucharla en repertorios con orquesta más pequeña. Pelléas, Yann Beuron, tiene una voz con un centro hermoso y parecía cómodo en el papel siempre que no subiera demasiado al agudo. No destacó a mis oídos para bien ni para mal, lo cual, tratándose de un tenor, no sé si es exactamente una buena señal.

El bajo alemán Franz-Josef Selig dio voz al anciano Arkel, la voz de la sabiduría y el único que en todo el reino parece comprender a Mélisande y sentir piedad por ella. Aprovechó las frases de su personaje, algunas de las más bellas de toda la ópera (sobre todo en el último acto), y logró emocionar con ellas, aunque pienso que sería difícil no hacerlo. Espectacularmente bella la voz de la contralto galesa Hillary Summers en el papel de Geneviève, que lamenté no fuera más largo. La puesta en escena de Robert Wilson es, a mi juicio, un acierto pleno, pues respeta el carácter onírico y simbólico de la obra al hacer que los personajes floten en espacios inciertos, dejando así intacto el poder evocador de la música y las imágenes poéticas de los textos, que son de una belleza sutil y delicada, pero poderosa. Como Mélisande.
Por su belleza, por sus muchas imágenes y símbolos, por la capacidad de evocar sensaciones y retratar las pulsiones del alma humana en su plano más elevado, porque cada nota y cada frase encierran un universo entero, Pelléas et Mélisande es lo más parecido a un poema que he podido contemplar en el teatro. Es necesario conocerla, porque no se puede vivir sin poesía. Sin poesía, nuestra alma se apagaría tristemente como la vida de Mélisande, encerrada entre los muros de una realidad oscura y oprimente.

4 comentarios:
Para poesía, belleza y luz...la de tu crónica.
Enhorabuena. Tu eres la luz encerrada en una realidad asfixiante y necia. Peor para los necios.
Fui el mismo día. Disfruté muchísimo. Goulaud/Naouri por encima de todo (tienes el DVD de Bertrand de Billy con Dessay haciendo de Melisande? ). Tilling me gustó incluso en la escena del peinado. La orquesta maravillosa y la escenografía con los movimientos kabuki de los personajes, fascinante. Uno que estaba cerca de mi se rompió la crisma durmiendo. Inolvidable
Hola Gonzalo! Pues no tengo ese DVD pero ando detrás de él, porque por los trozos que he visto tiene una pinta estupenda (y además me han hablado muy bien de él.)
Esos que se duermen luego aplauden como posesos... recuerdo uno en el Tristán que roncó como un bendito la ópera entera y luego braveaba enfervorizado... jajaja
Gracias por tu comentario :)
Y gracias Charlotte, por tu precioso piropo...
Un beso a los dos! :)
La manera en que describes lo indescriptible es lo esencial para entender el Pelléas et Mélisande. En pocas palabras has echado luz sobre esta hermética y maravillosa obra de arte.
Publicar un comentario en la entrada