martes, 13 de noviembre de 2012

Una gran noche de ópera: L'Elisir d'amor en el Liceu


Esta vez sí. Volvió el Liceu de mis grandes noches. El pasado 11 de Noviembre, en el estreno de L'Elisir d'amor, sentí de nuevo todas esas emociones que en mi última visita al teatro catalán había echado de menos. Las de las funciones inolvidables, cuando obra, música y voces se aúnan para crear esa felicidad que sólo puede sentirse en un teatro de ópera. A los ingredientes habituales de este mágico elixir (una obra maestra que nunca envejece) se sumaba esta vez uno muy especial, y ya sabéis que para mí el ingrediente "muy especial" suele tener que ver con el tenor. Este Nemorino suponía el debut de Javier Camarena en España, y era además mi primera oportunidad para escuchar en vivo la voz de este joven tenor mexicano cuya carrera, como sabéis, sigo desde hace tiempo con mucho interés. Y tengo que deciros que superó de largo mis expectativas, de por sí altísimas.

El debut de Camarena en nuestro país no pudo ser más brillante. Y no me refiero solo a su espectacular triunfo (el público lo premió con enormes ovaciones), sino a su trabajo a lo largo de toda la función. L'Elisir es una ópera que amo; conozco de memoria hasta los recitativos. No hubo una sola nota, ni una palabra, que no estuviera escrupulosamente cuidada. Era evidente que el tenor había preparado el papel a conciencia, y el resultado fue una interpretación extraordinaria, sobresaliente y homogénea de principio a fin, con un punto álgido clarísimo en Una furtiva lagrima. Su recreación del aria hizo que todo el público contuviera el aliento, en ese silencio absoluto de los momentos mágicos, cuando el teatro entero se vuelve uno y vuela envuelto en el milagro de unas notas que transportan, de una voz que toca el alma. Los aplausos al final del aria no terminaban nunca.


Vídeo de LiceuOperaBarcelona


La voz de Javier Camarena, como las mejores voces, gana en vivo, y se proyecta, homogénea y rotunda, a cada rincón del teatro. El timbre es hermoso, cálido y personal, con una autoridad apabullante en el agudo (redondo, pleno, seguro) y un canto elegante pero sincero. Es de los cantantes que ponen el corazón en cada frase, pero su gran virtud, la que a mi juicio lo hace único, es la capacidad de transmitir esta pasión sin descuidar ni un instante la técnica. Un equilibrio difícil de conseguir que, junto con sus otras cualidades, lo sitúa en primerísima fila del panorama actual. Este es un tenor que no tiene nada que envidiar a ninguna de las estrellas en activo, y sí mucho que ofrecer a la ópera. Creo que habrá un antes y un después de este triunfo en su carrera, y espero que pronto podamos disfrutarlo de nuevo en los teatros españoles.


Foto: Antoni Bofill

Hacía también su debut en el Liceu la soprano norteamericana Nicole Cabell, una bella Adina de voz oscura y sorprendente, aterciopelada, con un bonito vibrato y agilidad en las coloraturas. Es agradable encontrar en este papel un timbre que se salga de lo habitual, sin duda da un toque extra de sabor a este elixir ya de por sí delicioso. Desenvuelta y elegante en escena, fue otro de los grandes descubrimientos de la noche. Estupenda también estuvo Eliana Bayón, fresca y chispeante en su papel de Giannetta, al que supo sacar buen provecho. En cuanto a los caballeros, siempre es un placer escuchar a nuestro Ángel Ódena, que nunca defrauda, y además para mí era novedad verlo en Donizetti. Su Belcore ciertamente impone, aunque no está exento de simpatía, que es lo que derrocha Simone Alberghini en el papel de Dulcamara.

Foto: Antoni Bofill

La puesta en escena de Mario Gas, ambientada en la Italia de Mussolini, funciona estética y teatralmente, es hábil en su juego con el público sin desvirtuar la esencia de los personajes, lo cual, en los tiempos que corren, se agradece. No en vano lleva años en los escenarios. La dirección musical de Daniele Calleghari se destacó por respirar con los cantantes en todo momento, algo que siempre es necesario pero en belcanto resulta imprescindible. El resultado final, un público exultante de felicidad, y aplausos eternos que coronaban una gran noche de ópera.

El personal, uno de los recuerdos más hermosos que guardaré en mi cofre de tesoros.



Vídeo de LiceuOperaBarcelona

4 comentarios:

María Porras Sánchez dijo...

Cuando director, orquesta, cantantes y público aunan, los primeros su preparación,confianza y seguridad propia del que domina el tema y sabe que nada debería salir mal. Y los segundos el entusiasmo y las ganas de disfrutar de una velada perfecta, el éxito está servido!! más no se puede pedir. Ese tenor tiene muy buen gusto y eso, que se refleja en todo en general, luce mucho a la hora de cantar. Ese buen gusto le sirve a él para derretirse ante la mera presencia de un Croissant francés y para hacer que los demás se pongan al punto de caramelo ante su impecable Nemorino. Yo creo que la clave de todo es la pasión que se pone en las cosas que se hacen.

josep dijo...

Yo también estuve el domingo 11 y corroboro cada una de tus frases.
Camarena me gustó mucho, bordó un Nemorino inocente, peró lejos del Nemorino "casi idiota" que se suele encarnar.
Creo que el 2014 puede estar de nuevo en el Liceu en una Maria Estuarda y acompañando a Joyce DiDonato. Crucemos los dedos y que se cumplan las previsiones.
Un abrazo

gonzalo (madrid) dijo...

Magnífico post. Magnífico blog. Has descubierto Javi Camarena para mi. Lástima que hagas tan pocas entradas ;) Bs

Papagena dijo...

Creo, Gonzalo, que en tu honor intentaré volver a actualizar más a menudo.

Un beso y gracias a los tres :)